¿Últimos días del móvil con una cámara?

Por primera vez, casi todo el mundo en la Tierra tendrá una cámara en sus manos. Más de 5 mil millones de personas poseerá un teléfono móvil, casi todos ellos serán teléfonos inteligentes y casi todos ellos tendrán cámaras. Así, muchas más personas tomarán muchas más fotos que nunca antes.

Sin embargo, los conceptos de “cámaras” y de “fotos” son bastantes estrechos y reducen las capacidades que tienen estas supercomputadoras de bolsillo conectadas a internet que llamamos “celulares”.

Es cierto, el sensor de un teléfono móvil puede captar algo que se parece a las imágenes que toma una cámara de 35 mm, o a las que graba una cámara de video tradicional.

Sí, es más fácil mostrar esas imágenes a nuestros amigos en internet que enviarlas por correo postal, y son más fáciles de editarlas o recortarlas, o ajustarles los colores.

Pero estos términos son similares a los de una cámara de fotos y nos limitan, porque especifican un uso particular para la tecnología subyacente que puede hacer muchas tareas más.

Utilizar una cámara del “smartphone” sólo para tomar y enviar fotos es como decir que el procesador de textos sirve para tomar las notas que escribíamos en una máquina de escribir.

Lo diré de una vez: estamos utilizando una nueva herramienta para encajarla en las formas antiguas.

Al revés de lo que ocurre con las fotos analógicas, con las fotografías del celular ni tenemos que guardarlas en álbumes ni pagar en un laboratorio para revelar un rollo de 36 exposiciones.

Podemos capturar todo el tiempo, no sólo en el momento en que se pulsa el botón “disparador”. El video no tiene que ser lineal. Y podemos poner texto o imágenes en la parte superior de ese video.

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Las imágenes combinadas con el software pueden derivar en cualquier cosa. Del mismo modo que la aplicación de telefonía es sólo una más en el “smartphone”, la aplicación de la cámara es sólo una aplicación para el sensor de imagen.

Este cambio se aplica al sensor tanto como a la imagen: en lugar de pensar de una “cámara digital”, me gustaría sugerir que uno debe pensar en el sensor de imagen como un método de entrada, al igual que la pantalla multitáctil.

Eso apunta no sólo a los nuevos tipos de contenido, sino a los nuevos modelos de interacción.

La pantalla táctil se puede utilizar para recrear un teclado en pantalla y para los modelos de interacción que reproducen un modelo de mouse, dando golpecitos en lugar de hacer click.

Con el sensor de imagen comenzamos con una cámara que toma fotos, y construimos, por ejemplo, filtros. Incluso podemos tomar video también.

La entrada puede ser cualquier cosa que los sensores pueden capturar, y puede ser procesado en cualquier forma que pueda hacerlo el software.

En este sentido, las historias de Snapchat son experimentos básicos con el uso del sensor y la pantalla como un único mecanismo de entrada unificada.

Es un lugar común decir que un teléfono inteligente es un pedazo de vidrio que se convierte en función de la aplicación que se está ejecutando.

Pero en el caso de Snapchat, o de Pokemon Go, el dispositivo se convierte en el sensor, y el sensor se convierte en la aplicación.

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Con este tipo de aplicaciones se mira a través del teléfono, que se convierte en transparente, y así no hay otro paso en la reducción de la abstracción.

A medida que se construye en esto, en un momento determinado encontraremos que ya no estamos haciendo las cosas que se podrían haber hecho para una PC de escritorio. Más bien, estaremos haciendo cosas que sólo tienen sentido en la nueva plataforma.

La evolución obvia de esto es la realidad aumentada, pero no en el sentido de un Pokemon en una pantalla de teléfono, si no de la lente que llevamos: algo así como Hololens.

Cuando estos dispositivos y procesos estén maduros, un objeto virtual se verá más o menos como si existiera en el mundo físico.

Después de una década en la que los teléfonos móviles ingerían objetos físicos (radios, relojes, reproductores de música y cámaras), llega la realidad aumentada, con la que empezaremos a poner los objetos de nuevo en el mundo real. Y así la cámara dejará paso al sensor.

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